JESÚS, CERCANO A LOS NECESITADOS Y CERCANO A DIOS

Job 7, 1-4.6-7 | 1 Corintios 9, 16-19.22-23 | Marcos 1, 29-39

La enfermedad es compañera de la vida. Nuestra experiencia actual de pandemia es una prueba de que los hombres y mujeres enfermamos y enfermamos gravemente. Hasta morir. Los medios de comunicación nos lo recuerdan todos los días y a todas horas. Nos recuerdan incluso que en muchos lugares faltan camas donde reposar un poco y ser atendidos como se querría. En esta situación, más que en otras, se manifiesta nuestra cercanía a los enfermos. Con el evangelio de este domingo en las manos, y en el corazón, podemos ser hermanos positivos, cristianos.

“Estaba en cama con fiebre”

La suegra del apóstol Pedro estaba con fiebre. Hoy seguramente tendríamos que decir: la suegra de Pedro ha dado positivo en la prueba de Covid-19. Los discípulos se lo dijeron a Jesús. Y Jesús tuvo con ella un gesto saludable: la visitó, “la tomó de la mano y la levantó”. Un gesto vale más que mil palabras. El lenguaje de los gestos se comprende con más facilidad y suele tocar los sentimientos de las personas. Tengamos un gesto con los enfermos en este tiempo de pandemia.

“Curó a muchos”

Jesús no limitó su cercanía y sus gestos a personas allegadas. Estaba abierto a todos. Innumerables veces se encontró con enfermos, con muchos enfermos, de todo tipo y condición. No rehuyó su presencia. Normalmente hizo lo que se hace con un enfermo: si se puede, sanarlo. A veces Jesús preguntaba a los enfermos: “¿Crees que puedo hacerlo?”. Y Jesús los curaba. Otras veces los escuchaba y curaba sin preguntarlos. Sabía que el enfermo que tenía delante quería curarse. El enfermo se fiaba de Jesús, cualquiera que fuera la actitud que Jesús tomase. La confianza en Jesús, siempre es la medicina oportuna y definitiva.

¡Lástima no tener cerca a Jesús!

Seguramente añoramos no tener entre nosotros a Jesús. Pero no es verdad. Jesús continúa estando entre nosotros, sanos y enfermos. Quizá sobre todo con los enfermos (necesitados de tantos virus como campan por la humanidad), porque son los más necesitados. A veces nos acercamos a Jesús con actitudes sospechosas (quizá incluso nocivas). Y Él las endereza. Tengamos fe.

Cercano a Dios

La atención a los enfermos no aleja de Dios. Todo lo contrario. Jesús tuvo tiempo para pasar el día con los enfermos y la noche en oración con Dios. Seguramente pasó esa noche recordándole a Su Padre que había estado con muchos de sus hijos enfermos. Y le diría también que los había curado. Pero que aún quedaban otros muchos enfermos en la tierra. Que quedaban muchos que no le conocían (a Dios, su Padre) y que iba a pasar otro rato con toda esa gente, que estaba necesitada de Dios, el mejor y más certero médico. Jesús tenía tiempo para estar con los necesitados y con Dios. Buena lección para sus seguidores. Los apóstoles se quedaban durmiendo de mañana; Jesús salía al monte a orar. No los reprendió; pero a lo mejor le habría gustado tener alguno de ellos consigo en esos momentos.

Para la semana: ¿Seremos nosotros capaces de estar cercanos a los necesitados y a Dios? Pues… claro que sí, cada uno a su modo; sobre todo en tiempos de pandemia.