Mirar. Clavar los ojos
en el Dios que se muere revelando,
en el dolor extremo,
que es extremo su amor crucificado.
Mirar
cómo empaparse de Dios y dejar luego
que se abra una herida en mi costado,
y mi yo se derrame gota a gota,
-agua y sangre-, callando,
al que quiera beberlo
sin llamar, sin pagarlo.
Que soy agua de Dios,
continuamente manando.
Pero puedo ser sangre, amor ardiente,
regalo.
La muerte se hace vida
y el dolor, santuario
y campana de gloria
repicando.
¿Dónde estáis los que lloráis?
Venid volando.
La campana es por vosotros.
A todos os atraigo.
¡Mirad al Traspasado!
Y sentir que me dicen: ¡Haced esto!
Y yo lo hago.
Por Ignacio Iglesias, sj
¡Feliz Pascua 2026!