“A LA TARDE TE EXAMINARÁN EN EL AMOR”

Ezequiel 34, 11-12.15-17 | 1 Corintios 15, 20-26.28 | Mateo 25, 31-46

Con este domingo llegamos al final del año litúrgico, que, al no coincidir con el año civil puede crear en los fieles cierta confusión. Se podría haber hecho coincidir el año litúrgico con el año civil. Pero no ha sido así y lo asumimos como está.

“A la tarde te examinarán en el amor”

San Juan de la Cruz se relacionaba con sus conocidos/as a veces con pensamientos breves, que pudieran ser fácilmente recordados y meditados con frecuencia. Sus amigos/as recogieron un buen número de ellos y los titularon: “Dichos de luz y amor.” Son palabras del propio San Juan de la Cruz. Son pura esencia. Muchos de esos dichos o pensamientos se han hecho clásicos. Uno de ellos, fácil de retener y de profunda luz, dice: “A la tarde te examinarán en el amor”. Y viene como anillo al dedo para la liturgia de este domingo.

A la tarde

Este Dicho ha pasado a la historia –y sigue todavía- así: “A la tarde de la vida te examinarán en el amor”. San Juan de la Cruz escribió “a la tarde”. Es evidente que la vida tiene su tarde, que es la muerte. Y por lo tanto, puede recordarse así. Pero le quita al amor muchas tardes: a la tarde de un día cualquiera, a la tarde de una función, a la tarde de un trabajo, a la tarde de un año (también del año litúrgico)… Tarde y fin se intercambian. Hoy nos quedamos con esta tarde: a la tarde de este año litúrgico.

Te examinarán

¡Hemos pasado tantos exámenes en nuestra vida que ese verbo, examinar-ser examinado, quizá haya perdido profundidad! No obstante, el examen siempre impone, aunque a veces se disimule. Unas veces se espera con ilusión: es la puerta de las vacaciones o del trabajo al que aspiras. Otras veces preocupa: no sabes cómo te va a salir. Los nervios son inevitables, forman parte de la condición humana.

En el amor

Te examinarán en el amor. ¡Buena asignatura, no podemos quejarnos! Pero también este examen es difícil. Santa Teresa de Jesús decía que no sabemos amar, porque “amorcitos desastrados, baladíes de por acá, aun no digo de los malos”, no son amor. Pero habló mucho del amor. Al pequeño grupo de sus primeras monjas lo primero que les pidió fue “amor de unas con otras”, amor encarnado en la vida real: “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar”. ¿Buen programa de vida comunitaria!

“El amor del prójimo, es de mucho provecho”

También esto es de Santa Teresa. Y se atrevió a escribir: “La más cierta señal que, a mi parecer, hay de si guardamos amor de Dios y del prójimo, es guardando bien la del amor del prójimo; porque si amamos a Dios no se puede saber, aunque hay indicios grandes para entender que le amamos; mas el amor del prójimo, sí. Y estad ciertas que, mientras más en éste os viereis aprovechadas, más lo estáis en el amor de Dios”.

Para la semana: El evangelio de este domingo habla del amor del/al prójimo. Léelo y examínate.