“EL DIA Y LA HORA NADIE LO SABE”

Daniel 12 1-3 | Salmo 15 | Hebreos 10, 11-14 | Marcos 13, 24-25

 

Nos acercamos al final del año litúrgico. Y parece normal que se nos recuerde el fin de otro año e incluso de la vida. La rueda de la existencia es así: hay un principio y un fin, no solo de las personas, sino también del mundo. La liturgia, siguiendo al evangelio, nos lo hace con una lengua difícil, que llamamos apocalíptico. Hasta se nos dice materialmente que “los cielos temblarán”. El miedo entra en el cuerpo del lector y del viviente.

Jesús, centro de la historia

También el hombre Jesús nació y murió. Cabalgó por el mundo y desapareció. Vivió mucho menos que la inmensa mayoría de las criaturas humanas. Casi podríamos decir que murió en lo mejor de su vida (pongamos 33 años). No por tener principio en Belén y fin en Jerusalén dejó de ser una criatura humana que dio sentido a su vida, pasó haciendo el bien y desapareció de nuestra vista. Su recuerdo permanece entre quienes le han seguido. Y con Él volverán a encontrarse.

“Mis palabras no pasarán”

En poco tiempo Jesús habló bastante. Habló incluso mucho. Y aunque sus palabras se pronunciaron hace ya muchos años, esas palabras permanecen, “no pasarán”. Lo dijo el mismo Jesús. Estarán entre nosotros con la frescura con que fueron pronunciadas.

Se quedó corto Jesús. Le podemos decir, convencidos: “No pasarán ni tus palabras ni tus hechos”. También sus hechos, y quizá incluso con más fuerza, seguirán presentes a todos.

“El día y la hora nadie la sabe”

Con frecuencia somos curiosos. Otras veces, sin embargo, la curiosidad es el camino del conocimiento: nos gustaría ver y palpar. No es malo; pero tampoco es necesario. Muchas veces tampoco es conveniente. Nos saber el futuro nos hace estar más atentos, más preparados.

“Él está cerca”

¿Nos parece poco? Parece que son muchos los que se refugian en el dicho: “muy largo, muy lejos me lo fiais”. ¿De verdad? Hay veces que viene “como el ladrón”, cuando no se le espera, cuando creemos que todo está a salvo. Y nos equivocamos. No nos equivoquemos. Estemos preparados. Estemos dispuestos. Y sin miedo. El que está cerca es Él, Jesús, vida y resurrección nuestra.

Para la semana: Jesús vendrá cuando quiera. No nos toca a los humanos hacer ese calendario. Lo nuestro es esperarlo. Y esperarlo como aquél en quien hemos creído y a quien hemos amado.