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Es bueno dar gracias a Dios porque ha sido bueno con nosotros, que ha hecho posible que hayamos crecido como una gran familia. Cuando llegué a la parroquia, allá por el año 2017, ya se percibía este ambiente de familia. El espíritu de comunidad parroquial ha ido creciendo, creando vínculos desde la formación, las catequesis, las celebraciones, los sacramentos, el servicio de la caridad, siempre “caminando juntos de bien en mejor”, el lema de las “misiones populares” que nos despertaron de aquel letargo en el que nos sumió la dichosa pandemia… Ahora caminamos hacia una iglesia misionera, creando comunión con el arciprestazgo y la diócesis, enriqueciéndonos y afianzándonos en este ser Iglesia de Dios. Al final, después de hacer todo lo mandado, tenemos que decir: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber(Lc.17,10)”.

Doy gracias a Dios por tantas personas que han pasado por mi vida y pido perdón por las veces que no supe reconocer en ellas el mismo rostro de Jesús, por mis debilidades, errores… Sigamos “caminando juntos” en esta primavera de la Iglesia, donde los laicos puedan ejercer su vocación al servicio de todos. Gracias por todos los que pasasteis junto a mí, por los más alejados, por los que ya se fueron con el Padre eterno, por los enfermos. Doy gracias a mis hermanos de la comunidad por la paciencia que han tenido conmigo y por todo lo que he aprendido de ellos. Allí donde esté pediré por todos ustedes. Les llevo en el corazón y les pongo en el corazón del Padre para que les cuide y anime en el camino de la vida.

GRACIAS. Un abrazo. Os quiero. Quedaos con Él.

Ángel