“CONSOLAD, CONSOLAD A MI PUEBLO, DICE EL SEÑOR”

Isaías 40, 1-5.9-11 | Segunda carta de S. Pedro 3, 8-14 | Marcos 1, 1-8

 

En este segundo domingo de adviento Juan Bautista es la figura central. Él es el precursor y mensajero de Jesús, como Adviento es precursor y mensajero de Navidad. Su madre, Isabel, estaba de seis meses cuando le anunciaron a María que iba a ser la madre de Jesús (Lc 1,36-37). Viene bien recordarlo cuando estamos esperando la venida de Jesús también nosotros. Juan Bautista nos lleva siempre a Jesús, es un buen conductor. Merece la pena conocerle un poquito.

Juan Bautista

Juan Bautista, primo, precursor y mensajero de Jesús, no tiene gran predicamento entre los cristianos. Se le ve con frecuencia como una figura terrible, penitente exagerado, a quien da miedo acercarse. No parece primo de Jesús. Pero Juan no era así. La liturgia de este domingo nos invita a ver un Juan Bautista muy distinto. La primera lectura, tomada del profeta Isaías, pone el acento en un rasgo que merece la pena tener en cuenta: la consolación. Es cierto que el profeta Isaías no habla de Juan, puesto que es mucho anterior a Jesús, pero a él le aplica la liturgia de hoy estas palabras: “consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”. Y ese pueblo somos también nosotros. Veamos a Juan como consolador en tiempos tan difíciles como los actuales.

“Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo”

Juan Bautista era precursor y “mensajero” de Jesús. Podía, pues, decir con naturalidad que detrás de él venía uno más fuerte, más importante que él, y que ése era Jesús. Juan Bautista no era arrogante, no buscaba su propia fama y gloria. Todo lo contrario: era una persona humilde, fuerte y generosa a la vez, que se entregó a preparar a las gentes, con un bautismo de penitencia, para que aceptasen a Jesús, que era a él a quien se deberían escuchar y seguir. En un momento de su vida él mismo lo expresó de una manera inmejorable: Juan Bautista presidía un grupo de personas que le seguía como su maestro. Pero no se hacía el gallito del grupo. Otro Juan, el evangelista, puso en boca de Juan Bautista estaa generosas palabras: “Es preciso que Él [Jesús] crezca y yo disminuya” (Jn 3,30), palabras que algunos, lícitamente, traducen así: “Él [Jesús] debe brillar cada vez más, mientras yo he de ir quedando en la sombra”. Hermosa vocación la de Juan Bautista: preparar el camino por el que la gente, incluidos sus discípulos, deberían encontrar y seguir a Jesús.

“Consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”

Juan Bautista prepara también consolando. La consolación no es el único camino de acceso a Jesús. Pero sí es un tramo del camino. Y un tramo importante. Y más todavía en tiempos difíciles y con frecuencia confusos y angustiosos, sin saber adónde el camino irá. El profeta Isaías abría hoy nuestras lecturas con estas palabras: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”, palabras que Juan Bautista hizo suyas en su predicación a los suyos. Son palabras que tienen también hoy una diaria actualidad, en tiempos de pandemia, con tantos hermanos nuestros (quizá muy cercanos, pero en cualquier caso hermanos) que sufren.

Para la semana: Ser consoladores es un buen paso de preparación a la Navidad: en la familia, en la parroquia, con los necesitados. Seamos consoladores. También a nosotros nos lo pide el Señor.