JESÚS, MAESTRO Y MÉDICO

Ezequiel  2, 2-5 | Segunda Corintios 12, 7b-10 | Marcos 6, 1-6

La vida pública de Jesús, breve en tiempo, es enormemente rica, con una riqueza que enriquece. El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús enseñando y curando, dos actividades importantes en la vida de Jesús y en la nuestra. Sus contemporáneos, no muy instruidos y sí faltos de salud, tenían delante a quien podía y quería enseñarles y curarlos. La formación y la salud son dos elementos necesarios para una vida consciente, trabajada y deseada. Con resortes distintos la humanidad gasta mucho en educación y no menos en salud. ¡Algo bueno tendrán esas dos dimensiones de la persona humana!

“Se puso a enseñar en la sinagoga”

La sinagoga, lugar del culto judío, era familiar a Jesús. Los sábados –como nosotros hacemos los domingos- allí estaba Jesús cuando se encontraba en su casa. El Evangelio dice en una ocasión, que era su costumbre, como acto de un buen judío. Y allí “enseñaba” Jesús. Voluntario se ofrecía para hacer la lectura bíblica y explicarla. Y allí estaban sus convecinos, que le conocían. Conocían que Jesús era el hijo del carpintero. Y no se explicaban que fuese tan listo, con las cosas que decía. Jesús suscitaba muchas preguntas entre ellos.

Sus vecinos y oyentes no estaban orgullosos de Él. Estaban desconcertados, incluso escandalizados. Y apilaban razones para este desconcierto. Y hasta –en otra ocasión similar a la de hoy- quisieron despeñarle desde un monte cercano. A veces le creían loco.

Es para pensar: ¿Qué reacción tenemos nosotros ante las palabras de Jesús, palabras no sólo en los libros, aunque sí presentes en el libro principal del cristiano, la Biblia? Ahí continúa hablando Jesús a todas las generaciones, la nuestra también. La iglesia –el edificio de la iglesia- no es sólo para adorar en el sagrario (que lo es); es también para escuchar y meditar su palabra, un aspecto que quizá olvidamos con frecuencia.

“Y curó a unos pocos enfermos”

Jesús era y es maestro; Jesús era y es médico. Las curaciones de Jesús eran casi todas a favor de los necesitados, necesitados de todo tipo, corporal y espiritual. Esta actividad de Jesús queda generosamente expuesta en los evangelios. A sus conciudadanos, seguidores o detractores, les dio suficientes pruebas de esta actividad suya. ¿Lo olvidaremos nosotros? El buen recuerdo anima y cura.

“Y se maravilló de su falta de fe”

El evangelio de este domingo, que recuerda a Jesús como maestro y médico, encontró mucho rechazo. No le dejó a Jesús indiferente. Por eso este evangelio termina diciendo: “Y se maravilló de su falta de fe”. Jesús no se impone. Jesús se acerca, intima, reprende, promete, obra… Pero no es un charlatán. Pide y espera fe, porque sin fe: confianza y adhesión, es imposible agradar a Dios (Carta a los Hebreos 11,6), nuestra vida está muerta, tanto cuando hablamos como cuando escuchamos. Con fe, las cosas son distintas, también cuando escuchamos y cuando hablamos. Lo recordábamos la semana pasada: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.” Y Jesús mismo, por boca del evangelista Juan, aseguró: “el que cree en mí, hará él también las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo voy al Padre” (Jn 14,12). Generoso y espléndido con quien estamos aún en la tierra.

Para la semana: Si nos dejamos enseñar y curar por Jesús, haremos grandes cosas.