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El día 3 de mayo de 1494, las huestes castellanas al mando de Alonso Fernán-dez de Lugo clavaron una cruz de madera en la playa de Añazo, con el fin de oficiar la Misa que conmemoraba la Fundación del Lugar y Puerto de Santa Cruz. En 1745, el alcalde Juan de Arauz y Lordelo mandó construir una capilla para que quedara resguardada, denominándose Capilla de la Santa Cruz. A partir de esa fecha, cada 3 de mayo comenzó a salir en procesión. La Cruz sería trasladada de manera definitiva a la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción en 1896, donde actualmente permanece y recibe culto. Acompañamos a la Cruz el domingo 3 de mayo, participando de la eucaristía y posterior procesión en la Iglesia de la Concepción.

ANTE LA CRUZ

Cuando huyas de la cruz,

recuerda que la entrega llevó a la cruz,

que el amor se expresó en la cruz,

que la fidelidad se demostró en la cruz,

que la amistad se probó en la cruz,

que la verdad se reveló en la cruz,

que la incredulidad cayó ante la cruz,

que la fe se fortaleció en la cruz,

que las heridas las abrazó la cruz,

y que el pecado se redimió en la cruz.

Por eso la vida, mi vida, tu vida,

que entiende de entrega y de amor,

que se apoya en amigos fieles,

que aspira a la verdad, la confianza y la fe,

que sufre por las heridas y llora el pecado,

no puede huir de la cruz,

sino al contrario: mirarla y amarla,

porque en ella la Vida, mira, ama y sana.

La vida. Mi vida y tu vida.

Óscar Cala, SJ