“NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS” (Jn 14,18)

Hechos 1, 1-11 | Efesios 4, 1-13 | Marcos 16, 15-20

Celebramos en este domingo la Ascensión del Señor a los cielos. Jesús pasó cuarenta días después de su Resurrección dando pruebas de  que estaba vivo y seguía comunicándose con los Apóstoles. Fueron días de miedos, sorpresas, alegría y aprendizaje. Jesús conocía los Apóstoles, necesitados de una transformación en sus vidas y quiso ser Maestro que enseña y guía a quienes querían ver.

Pero Jesús no había resucitado para quedarse visiblemente en la tierra. Lo mismo que había entrado en la tierra por una puerta (por Belén) saldría por otra puerta (por Jerusalén). La fiesta de hoy nos describe esto último. ¿Nos hemos quedado sin Jesús y éste Resucitado?

Nostalgia

La nostalgia se define como “aflicción causada por la ausencia de cosas o personas queridas”. Es una buena descripción de ciertos estados de ánimo que tenemos con frecuencia. Las situaciones más entrañales y queridas avivan esa nostalgia hasta límites extremos. Lo supo cantar el poeta con estas palabras: “Algo se muere en el alma / cuando un amigo se va”. Perfecto. Una breve meditación sobre una nostalgia concreta puede ser muy positiva para conocer nuestros sentimientos cristianos

¿Tenemos nostalgia del Resucitado?

 Pocos han cantado-contado esa nostalgia como Fray Luis de León en la hermosa oda que tenemos aún en nuestra memoria. En una pregunta amorosa a Jesús en la figura de pastor se atreve a decirle:

“¿Y dejas, pastor santo, / tu grey en este valle hondo, oscuro / con soledad y llanto, /y tú, rompiendo el puro / aire, te vas al inmortal seguro?…”.

En ese mismo tiempo de Fray Luis de León vivía San Juan de la Cruz. Y en otro hermoso cántico, que él llamó Cántico espiritual, también él se atrevió comenzar con este gemido:

“¿Adónde te escondiste / Amado, y me dejaste con gemido? / Como el ciervo huiste / habiéndome herido; / salí tras ti clamando, y eras ido”.

“No os dejaré huérfanos”

Jesús conocía a los Apóstoles. Y sabía que eran bastante imperfectos. Y que podían escaparse. Lo que habían oído y visto mientras estaban con Jesús, les sobrepasaba. Lo confesaban con naturalidad. Jesús, adivinándolo, quiso levantarles el ánimo. Y en un gesto de cercanía, se compadeció de ellos y les aseguró: “No os dejaré huérfanos”. Seguramente los apóstoles no entendieron bien eso de no dejarles huérfanos. Pero también quizá pensaron que algo se sacaría Jesús de manga, porque Jesús no mentía. Y se quedaron un poco más tranquilos y a la expectativa.

“Os conviene que yo me vaya” (Jn16,7)

Esto no se lo podían creer los Apóstoles. Les pareció casi una broma. Y no se atrevieron a hablar. Pero sabían que Jesús no mentía, que les decía las cosas “con autoridad”. Y quedaron a la espera. Como quedamos también nosotros. Los apóstoles quedaron a la espera, y no fueron defraudados. El próximo domingo lo veremos.

Para la semana: esperamos con confianza. La esperanza no defrauda.