“LO QUE OS MANDO ES QUE OS AMÉIS LOS UNOS A LOS OTROS”

Hechos 10, 25-26.34-35.44-48 | 1 Juan 4, 7-10 | Juan 15, 9-17

La liturgia de los domingos de Pascua, desde el 4 de abril, toma la primera lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles. Este domingo es el último de esa hermosa saga. El libro de los Hechos de los Apóstoles, en sus primeros capítulos, narra los primeros días de la experiencia de la primitiva comunidad cristiana. La presencia de Jesús resucitado se hace casi siempre familiar. Y los primeros cristianos inician un camino de novedades, con las alegrías propias de la visita del Hermano mayor que mira por sus hermanos pequeños enseñándolos a andar por la vida. Alguna vez tropiezan y caen, como los niños. Otras veces lloran, porque no están de acuerdo cuando los llevan de la mano.

La lectura espiritual, no sólo en la celebración dominical sino también como lectura espiritual de este tiempo (que termina con el próximo domingo, fiesta de la Ascensión) es como el encuentro con nuestros antepasados. Muchos de ellos cambiaron de vida. Hacer una lectura de aquellas comunidades pascuales, si puede ser con la Biblia al lado, será una experiencia cristiana de primer orden. Vaya la invitación a hacerlo.

El Centurión Cornelio

En la primera lectura de este domingo se narra lo que podemos llamar conversión del centurión Cornelio. Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, “piadoso y temeroso de Dios”. Se le llamaba centurión, porque mandaba una centuria (100 soldados). Digamos, para entendernos que era un pagano romano que mandaba sobre los judíos de ese lugar. Era buena persona y muy religioso. Se portaba bien con el pueblo y el pueblo le quería, aunque fuera extranjero.

Un buen día, Cornelio tuvo una “visión” que le decía: envía dos hombres a Jope, a la casa de Simón. Mientras andaban de camino, el apóstol Pedro, dándose un paseo por la azotea, tuvo hambre y decidió comer. Y aquí tuvo  también él otra visión: sobre un gran lienzo había comida de toda especie. Y oyó una voz que le decía: “levántate, sacrifica y come”. Inmediatamente, ante una comida con elementos prohibidos por la ley, respondió Pedro a la visión: “de ninguna manera, Señor, jamás he comido nada impuro y profano”. Y la voz le dijo: “Lo que Dios ha purificado no llames tú profano”. Pedro quedó perplejo.

En la casa de Cornelio

Al día siguiente, Pedro, los dos enviados y “algunos cristianos de Jope” llegaron a la casa de Cornelio. Allí encontró Pedro a los familiares y amigos íntimos de Cornelio. Pedro les recordó: yo no podría entrar en casa de un pagano, ni tratar con paganos como vosotros, pero… Y les contó la visión que había tenido. Cornelio le respondió qué también él (Cornelio) había tenido una visión igual. Y se la contó a todos, añadiendo que estaban dispuestos a escuchar lo que Pedro tuviera que decirles. Y Pedro se dispuso a hacerles una catequesis sobre el cristianismo. Y mientras hablaba, vino el Espíritu Santo sobre todos ellos y se pusieron a alabar al Señor. Pedro y los que le habían acompañado desde Jope quedaron atónitos con lo que oían y veían. Y Pedro sentenció: “¿Acaso se puede negar el bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?”. “Y mandó que fueran bautizados en el nombre de Jesucristo”.

Cuando se enteraron los cristianos de Jope que Pedro había visitado a paganos y les había bautizado, le pidieron cuenta de ello. Pedro sólo tuvo estas palabras: “El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin vacilar”.

Para la semana: Dios, que es amor, está abierto a todos los que quieren oírle. El amor rompe mezquindades y abre fraternidades.