Manos con Rosario orando

“Señor, enséñanos a orar.”

Gén 18, 20-32 | Col 2, 12-14 | Lc 11, 1-13

Oración no es una teoría, no es algo abstracto, no es ideología. Oración es orar, ejercicio de oración. Jesús, que oró mucho y ejercitó el magisterio de la oración, no dijo: vosotros cuando habléis de oración, cuando discutáis de oración, etc. Él dijo: “vosotros –los apóstoles- cuando oréis…”. La liturgia de la palabra de este domingo se centra en la oración. Merece la pena leerla y releerla para entrar nosotros en esa dinámica.

Cuando oréis…
Ah, ¿pero los apóstoles y discípulos de Jesús oraban? Pues…, claro que oraban. El Antiguo Testamento está lleno de oraciones. Y entre sus libros hay uno que es pura oración: el libro de los salmos. Y grandes orantes jalonan la historia de Israel, que es nuestra prehistoria-historia. Somos herederos de orantes, quizá, por desgracia, desconocidos o no suficientemente conocidos.

Enséñanos a orar
Los discípulos, que oraban (aunque a veces se dormían mientras Jesús oraba, como en Getsemaní, donde, por cierto, pronunció, entre otros este consejo: “velad y orad para no caer en la tentación”), probablemente no estaban satisfechos con la magnífica escuela de orantes que es el Antiguo Testamento. Parece que querían algo nuevo, o al menos algo novedoso (que no es totalmente igual). Juan el Bautista, el pariente de Jesús, parece que había enseñado a sus discípulos una oración distinta (mejorada, podemos decir) a la ejercitada hasta entonces, una oración que gustaba a sus discípulos. Y de tal manera, que los discípulos de Jesús, quizá curiosos o envidiosos, no tuvieron reparo en decirle a Jesús: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”.

A orar se enseña; a orar se aprende
Quizá somos ingenuos cuando oímos decir (y quizá a veces decimos): “a orar no se enseña…”, “a orar no se aprende…”. Jesús no procedió así. Él “enseñó” a orar. Otra cosa es que nosotros no seamos buenos maestros ni buenos discípulos y creamos que la oración sale así porque sí. La ingenuidad no es buena.

Un buen maestro
Y los apóstoles, que veían orar a Jesús de día y de noche, solo o entre la multitud, respetuosos con Jesús mientras oraba, se acercaron a Él. Y “cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”. Y Jesús, sin más preparativos y viendo que la demanda era sustanciosa, “les dijo: “Cuando oréis, decid: Padre…”.

Un buen “texto” de oración
Santa Teresa de Jesús, maestra de oración, escribió a propósito del Padre nuestro y el Ave María: “si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oración, ni eran menester otros libros, ni era necesario otras oraciones”. Y comentando el primero (no le dio tiempo a comentar el Ave María), Teresa lleva a sus hijas (y a todos sus lectores) a la perfección cristiana (no en vano su comentario se titula: “Camino de perfección”).

Para la semana: leamos y releamos el evangelio proclamado este domingo. La pedagogía de Jesús es muy sencilla y humana. La entendemos todos; dice cosas de Perogrullo y esenciales a la vez.