EL ESPÍRITU SANTO, “SOPLO” DE JESÚS

Hechos 2, 1-11 1 | Corintios 12, 3b-7.12-13 | Juan 20, 19-23

Los últimos días de la vida terrena de Jesús son especialmente significativos. Así lo ha entendido siempre la Iglesia. Hubo incluso quien se atrevió a decir que los evangelios eran una crónica de la pasión-resurrección de Jesús precedida de una larga introducción. Hoy se cierra el ciclo litúrgico de Pascua de resurrección para volver, desde el domingo próximo, la vida de la comunidad cristiana que vive a la luz de Jesús resucitado y “subido al cielo”. Comienza, periódicamente, la presencia en la historia humana del mensaje de Jesús resucitado a la derecha del Padre.

Un contraste significativo
Los Apóstoles estaban reunidos en Jerusalén con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Se sentían solos y con miedo. Seguramente temían que hicieran con ellos lo que habían hecho con Jesús, su Maestro. Es comprensible. Nosotros habríamos tenido los mismos sentimientos de miedo. Pero Jesús, que les había prometido estar con ellos “hasta la muerte”, hasta el final, no les defraudó. “Algo” sucedió en aquel grupo de “miedosos” que a nosotros, como a los mismos autores, les resultaba difícil expresar: de momento, los miedosos no querían caretas, dieron la cara y se presentaron a cuerpo gentil ante una muchedumbre que se había reunido en Jerusalén, de todas partes, para celebrar la Pascua judía y se habían encontrado con la muerte de Jesús, a quien daban ya por “amortizado”.

“Se llenaron todos de Espíritu Santo”
¿Qué había sucedido? ¿Cómo explicar el cambio de aquellos pescadores? Nadie se lo explicaba. “Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: “qué significa esto”. Otros en cambio decían: “están borrachos”. ¡No era para menos! Pasado el tiempo, San Lucas al escribir los Hechos de los apóstoles dio su visión de las cosas. Lo que había sucedido era esto: “Se llenaron todos de Espíritu Santo”. Esta es la afirmación correcta, aunque no sea fácil de entender, quizá sobre todo a distancia del tiempo.

Jesús “sopló” y dijo: “Recibid el Espíritu Santo”
El evangelio de san Juan, presente en este domingo, completa lo que había sucedido ese mismo día, y de noche, cuando tenían las puertas cerradas. Jesús se les presentó de improviso y después de saludarlos con la paz: “sopló sobre ellos y añadió: recibid el Espíritu Santo”. El “soplo”, en la Biblia, es donación de vida, despertar y comunicar una fuerza que transforma la existencia, sea de la creación, sea de la humanidad.

“Ven, Espíritu Santo”
De diversas maneras (oración personal y comunitaria, musicalizado, reiterativo, etc.) el “Ven, Espíritu Santo” está muy presente en los labios y el corazón del cristiano de todos los tiempos, también del nuestro. Tomar conciencia de que el Padre nos dará su Espíritu si se lo pedimos, pertenece a nuestra fe. El evangelista san Lucas lo dice explícitamente: “el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan” (Lc 11,13). Y el cristiano, para su vida personal y comunitaria, no puede olvidar estas palabras del Apóstol san Pablo: “Nadie puede confesar –reconocer- que Jesús es el Señor “si no es bajo la acción del Espíritu Santo”. No somos nada sin conciencia del Espíritu Santo

Para la semana: pronuncia, canta, personal o comunitariamente, con frecuencia y atención: “Ven, Espíritu Santo”.