EL PAN DE LA VIDA

Éxodo 16, 2-4. 12-15 | Efesios 4, 17. 20-24 | Juan 6, 24-35

Pan es una palabra muy presente en los evangelios y en la vida. Y hoy aparece en nuestras lecturas. Hablar de pan a los israelitas del tiempo de Jesús era cosa familiar. Lo mismo que hablar de vino. Jesús podía utilizar ese lenguaje y las personas lo entendían. Quizá lo entendían sobre todo cuando escaseaba. En las bodas de Caná, María, en medio de un banquete, tuvo que decir a escondidas a Jesús: “No tienen vino” (¡Qué bochorno!). Y en la escena que tantas veces recordamos de la multiplicación de los panes y los peces,  los apóstoles responden a la pregunta de Jesús: ¿cuántos panes tenéis? Tuvieron que decirle: “cinco panes y dos peces (hasta ellos mismos tuvieron que confesar de entrada): “¿qué es esto para tanta gente?”.

“Empezaron a murmurar”

El pueblo elegido que salió de Egipto y se encontró en un largo desierto, se cansó de caminar, el cansancio era visible, etc., pasaban hambre, le habían prometido una tierra que manaría “leche y miel” y él no lo palpaba. El pueblo se desahogó  con Moisés y Aarón, responsables de esa salida. Y se acordaban de la comida de “esclavos” que habían comido en Egipto (lo pintaban demasiado bien): “cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta hartarnos!”. Y “toda la comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto”.

“Yo haré llover sobre vosotros pan del cielo”

Y apareció en medio del pueblo el “maná”. Parecía solucionado el problema. Dios se compadeció de Moisés y Aarón (que no tenían culpa) y el pueblo continuó caminando por el desierto. Pero el pueblo se cansó también de comer “maná”, hasta decirles a Moisés y Aarón: “nos da nausea este pan sin cuerpo”. Momentos difíciles en el pueblo salido de Egipto. Pero Dios (Yahvé) no los abandonó a su suerte.

Cambio de escenario

El Evangelio de este domingo presenta una escena distinta. La “gente” busca a Jesús. Pero resulta que a la primera no le encuentra. Sabe dónde suele estar y allí no encuentra ni a Jesús ni a sus discípulos. Y ni cortos ni perezosos se subieron a unas barcas y se dijeron: vamos a Cafarnaúm, seguramente están allí. Y allí estaban. Y ellos, alegres, dijeron a Jesús: “Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?”. La búsqueda de Jesús dice ya mucho de Jesús. A veces no tanto de quienes le buscan. Pasa en la vida humana.

Un Jesús “desconocido”

La respuesta de Jesús fue inesperada, aunque no debería extrañar demasiado, porque esa gente le había escuchado ya muchas veces algo semejante. Jesús ya había hecho con la gente el milagro del aumento de panes y peces para saciar a quienes realmente tenían hambre. Pero Jesús, que tanto y tan bien se preocupaba de los necesitados, quiso despertar en los necesitados de pan algo mejor, con la misma palabra “pan”. “Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello”.

Para la semana: Jesús es el pan de vida. No reniega de un pan que no sacia. Pero ofrece un pan que sacia: la eucaristía.