Emmanuel: Dios con nosotros

“Emmanuel: Dios con nosotros”

Isaías 7, 10-14 | Romanos 1, 1-7 | Mateo 1, 18-24

“Le pondrá por nombre Emmanuel”, dice la primera lectura, tomada del profeta Isaías. Quizá el evangelista san Mateo quiso aclarar qué significaba ese nombre, por si no lo entendíamos ni nos decía algo. Y añadió: “que significa: Dios-con-nosotros”. Esto es lo que significa la Navidad: Dios con nosotros.

Dos novios felices
El evangelio se centra en la experiencia de José, san José. “Varón justo”, como le llama la palabra de Dios, quería casarse, como todo joven, con una joven de su gusto. La muchacha se llamaba María. Y las cosas iban bien. Tenemos derecho a suponer que eran unos novios felices. Como suelen serlo los novios.

No todo fue sencillo
Ser felices no quiere decir no tener dificultades. Ser felices no es ser ingenuos. Y no hay razón para pensar que José y María eran jóvenes ingenuos. Más bien tenemos sobradas razones para pensar que ambos eran jóvenes con la cabeza y el corazón bien puestos. Las ocasiones no hacen a la persona, pero manifiestan qué y cómo es esa persona. Y José y María lo manifestaron. Tanto María como José lo demostraron. El diálogo de María y el silencio de José manifiestan que eran jóvenes juiciosos.

Dios-con-nosotros
Ella, María, llena de gracia; él, José, varón justo. Ellos no lo sabían. Ni presumían de ello. Pero era así. Y entre ellos, Dios. Jugando al escondite con ellos. ¡A ver si le encontraban! Y no le encontraban. Aquel juego de los novios traían a ambos, a cada uno a su manera, confusos y confundidos. Haciéndose el “escondido”, pero no el ausente. Dios estaba con ellos.

No temáis
La misma voz dice a ambos novios: “No temáis”. Lo dice alguien con voz imperiosa y sobrecogedora, una voz que penetra las entrañas, que parece un sueño que nunca han tenido hasta entonces y les desconcierta. Es una voz nueva y novedosa. Los novios no se atrevían a comunicárselo el uno al otro. Seguramente cada uno pensaría que el otro no estaba en sus cabales. Y ambos optaron por el silencio.
Fueron momentos difíciles. Hasta uno de ellos, José, “como era justo y no quería ponerla en evidencia [a María], resolvió repudiarla en secreto”. Le parecía a José que era la actitud más noble.

Le pondremos Emmanuel. Le pondremos Jesús
Emmanuel significa “Dios-con –nosotros”. Jesús significa “Salvador”. Con cualquier nombre que sea conocido significará que el nacido nos va a salvar de las dudas, de los miedos y temores, de las perplejidades…, aunque no de las dificultades. Y vamos a ser felices.

Para la semana: ¿Creemos, aunque sean entre oscuridades, que Jesús es Emmanuel: Dios-con-nosotros? No es un sueño; o, si lo prefieren, es un sueño con mensaje.