En este momento estás viendo “HEMOS DECIDIDO EL ESPÍRITU SANTO Y NOSOTROS…”

Hch 15, 1-2.22-29

Apoc 21, 10-14.22-23

Jn 14, 23-2

Los seguidores de Jesús (los apóstoles y todos los que iban creyendo en él) vivían bastante tranquilos mientras Jesús estaba con ellos en carne mortal. A veces Jesús les echaba alguna reprimenda, pero generalmente les arreglaba sus problemas: a uno le curaba la suegra, a otro le resucitaba la hija, a otros les convertía el agua en vino, o multiplicaba el pan, les prometía el ciento por uno, etc., etc. Y llegó un día en que Jesús desapareció corporalmente. Les hacía, resucitado, alguna visita, pero… las cosas fueron distintas. La responsabilidad de sus seguidores tenía que dar la cara, no esconderse en el fácil refugio de la persona de Jesús. Jesús les había mandado ir… “al mundo entero”.

Responsabilidad personal y comunitaria

Con la marcha de Jesús (Ascensión, que celebraremos el próximo domingo) comenzaron a aflorar los problemas entre sus seguidores. Ahora tenían ellos que afrontar los pequeños, o menos pequeños, problemas de cada día, tanto individual como comunitariamente. Basta con leer el libro de los Hechos de los apóstoles. La primera lectura de este domingo narra lo que se conoce como primer Concilio de Jerusalén. El texto no esconde que en ese Concilio “se produjo una agitación y una discusión no pequeña”. Aquí interesa sobre todo que no siempre las cosas están para todos claras ni todos bajan la cabeza y dicen amén a lo que otros proclaman. También los cristianos, nuestros cristianos, nosotros estamos en “concilio permanente”. ¿Cómo proceder?

“No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”

La responsabilidad conlleva sinceridad en las opiniones y apertura y escucha hacia aquellos con quienes disienten de nosotros. Hoy quizá diríamos: hay que dialogar en libertad y responsabilidad. Los apóstoles aceptan discutir y discuten con sinceridad y sin miedo al qué dirán- Y parece que hasta saltaron chispas. No hay que asustarse por el hecho de que haya distintas opiniones. “No se turbe vuestro corazón ni se acobarde”. La turbación y la cobardía dificultan y empobrecen el diálogo.

La palabra de Jesús y el recuerdo del Espíritu

«Me voy y volveré a vosotros». En nuestras confrontaciones, y no sólo entre cristianos, la persona de Jesús (que es la Palabra del Padre) y sus palabras deben ser referencia esencial: qué piensa y dice Jesús. O qué luz aporta a problemas de los que Jesús no habló explícitamente. “Volveré” y enviaré “el Espíritu Santo, que os lo enseñará todo y os irá recordando todo lo que yo os he dicho”. Poco a poco, con paz, sencillez,  humildad, amor (sobre todo amor)… el Espíritu Santo, irá despertando (recordar significa despertar) los buenos sentimientos que Dios ha puesto en quienes le aman, para el bien común.

Para la semana: ¿Podremos concluir nuestras asambleas familiares, parroquiales, civiles, económicas, etc. diciendo: “hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…”?

Augusto Guerra Sancho OCD