Tres cruces

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”

Lucas 23, 35-43 | 2 Samuel 5, 1-3 | Colosenses 1, 12-20

El salmo responsorial de la liturgia de la palabra de hoy es: “Vamos alegres a la casa del Señor”. Prácticamente coincide con las últimas palabras del evangelio que hoy proclamamos: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Es un digno y hermoso colofón del Año litúrgico: al final de nuestra vida nos espera el encuentro gozoso con Dios.

El final del camino
Hoy, como último domingo del año litúrgico, es llegada de un largo caminar, el que hemos andado a lo largo de estos domingos. En ellos nosotros, caminantes acompañados por la palabra, los gestos, la persona de Jesús y de nuestros hermanos ha sido una experiencia de nuestra vida. Habremos cantado: “caminaré en presencia del Señor”. Con él hemos hecho el camino. Hoy llegamos al final, al descanso, preludio del descanso eterno.

Vencer el maleficio
Tenemos un vacío en nuestra esperanza, tenemos miedo de llegar a ese descanso definitivo. Es un miedo comprensible; pero hay que vencerlo. Probablemente ha prevalecido a lo largo del camino que hemos hecho el sentido negativo de nuestra propia vida y de nuestro destino. No hay razón para ello.

La muerte pone fin a este camino de tierra
Es la experiencia que vemos todos los días a nuestro alrededor. Y alguna vez habremos dicho: “hoy por ti, mañana por mí”. O a lo mejor no nos atrevemos a decirlo y lo desechamos como un mal pensamiento. Hay que repetirlo hasta que nos lo creamos.

Jesús también murió
Alguien dijo entre burlón y cínico: “si yo fuera Jesús no me dejaría morir; y menos aún matar”. Es una burla. Como las burlas de quienes pasaban delante de la cruz, de quienes habla hoy el evangelio. Sus expresiones burlescas escondían, o quizá expresaban con cinismo: “este Jesús era tonto y malo. ¿Por qué no baja de la cruz? ¿Por qué no baja de la cruz a sus compañero de crucifixión?”.

Pero la muerte no es el final del camino
Entre tantos descreídos, hay siempre una persona, o algunas personas, que rompen el pensar generalizado. Y, a su modo, tienen “humor”, o tienen fe para decir: “acuérdate de mí cuando estés en tu Reino, ese reino que has predicado y del que me he reído tantas veces”.

“Hoy estarás conmigo en el paraíso”
Y Jesús, ya más de la parte de allá que de la de acá, aún tiene fuerza para decir: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. No habla de Reino; habla de paraíso, palabra pronunciada por el Padre desde los primeros días de la creación. ¡De nuevo te pondrán en el paraíso, donde Dios mismo viene a caminar y a jugar con los hombres!

Para la semana: Recita estas palabras que un día nos cantarán camino de la última morada terrena: “Al paraíso te conduzcan los Ángeles; /a tu llegada te reciban los mártires, / y te conduzcan a la ciudad santa de Jerusalén. / El coro de los ángeles te reciba, / y con Lázaro otrora pobre / tengas el eterno descanso”.