JESÚS, CONTRA LA HIPOCRESÍA Y LA ADULACIÓN

Isaías 45, 1.4-6 | 1 Tesalonicenses 1, 1-5b | Mateo 22, 15-21

Seguramente hemos oído no pocas veces estas palabras del Evangelio: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. El César era el emperador de Roma, que dominaba a Israel. Entre los Israelitas unos (los herodianos, que nombra el Evangelio) eran partidarios de Roma y otros (los fariseos) eran enemigos de Roma, aunque no les quedase más remedio que acatar las órdenes de Roma. Quieren pillar a Jesús, tenderle una trampa y creen que no tiene escapatoria: se hará amigo de unos y enemigo de otros. ¡Esta vez no se les escapa! ¡A ver por dónde sale!

 “Hipócritas. ¿Por qué me tentáis?”

Pocas veces los fariseos y los herodianos dijeron tantas verdades, profundas verdades, sobre Jesús (en las que ellos no creían) para presentarse como muy buenecitos y admiradores de Jesús: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas  el camino de Dios con franqueza y que no te fijas en apariencias, porque no miras la condición de las personas. Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?”. Mas Jesús,  Comprendiendo su mala voluntad, dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis?”.

A Jesús no se le caía la baba al oír estos “elogios” sobre su persona. Jesús los cazó al vuelo y no dudó en desenmascararlos ya de entrada: “Hipócritas, ¿por qué me tentáis”? ¡Qué daríamos por ver la cara de Jesús y oír su acento al juzgar así a esos hipócritas!

 La hipocresía

Una de las actitudes que más molestaban a Jesús era la hipocresía. En el evangelio de san Mateo (el que proclamamos en las Misas de este año litúrgico), aparece 13 veces la palabra  hipocresía en labios de Jesús. La hipocresía es una forma rastrera de fingir, de engañar, de confundir, de presumir… Jesús era todo lo contrario. Él era “la verdad”, una verdad limpia y que a veces manifiesta su indignación ante quienes son hipócritas y tratan de engañar a aquellos a quienes deberían educar y servir.

 La adulación

“Alabanza exagerada y generalmente interesada que se hace a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad”. Una cosa es la educación, el agradecimiento y hasta una cierta exageración, que nace precisamente del agradecimiento hacia una persona a quien debemos la vida, la amistad, la liberación de una situación realmente difícil,  y otra muy distinta es la adulación. Un filósofo escribió de ella: “La bajeza más vergonzosa es la adulación”.

“Yo soy la verdad”

Jesús no era presumido, respondía a quien le preguntaba y no despreciaba a quien le preguntaba con naturalidad y con deseo de conocer la verdad sobre situaciones difíciles, incluidas las realidades que podemos considerar como preguntas político-religiosas. Jesús enseñaba, no fingía. Se sabía ser la verdad y las respondía con sencillez y despaciosamente.

 Para la semana: todos tenemos dudas, incluso político-religiosas y necesitamos aclararlas hasta donde sea posible. Busquemos a los entendidos, pero no a los hipócritas, que “dicen y no hacen”. Busquemos la verdad.