Jesús, el supremo tentado.

 

Génesis 2, 7-9; 3,1-7 | Romanos 5, 12-19 | Mateo 4, 1-11

El evangelio de este domingo sigue inmediatamente al del bautismo de Jesús, que proclamamos hace muy pocos domingos. En el bautismo de Jesús se abrieron los cielos y el Espíritu descendió sobre él mientras se oye una voz que viene de arriba (del Padre) y dice “Tú eres mi Hijo”.
De nuevo el Espíritu aparece en el evangelio de hoy. El Espíritu es quien lleva a Jesús al desierto: “Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”. El mismo Espíritu le impulsa a un lugar retirado, el desierto. El desierto no es una novedad para Jesús. Lo normal es que esté pensando en la historia de su pueblo, cuando los Israelitas esclavizados por los egipcios se ponen en camino, durante cuarenta años (en el evangelio de hoy aparece el mismo número cuarenta) para encaminarse a la tierra prometida.
Es oportuno recordar esa historia del pueblo de Israel para entender mejor el evangelio de hoy, que pone a Jesús en el desierto donde se van a repetir escenas sufridas por su pueblo. También el pueblo de Israel en el desierto tuvo tentaciones, pruebas.

Jesús, el supremo tentado

También ahora una voz interior intenta probarle y perturbarlo. “¿No dices que eres el hijo predilecto de Dios? Pues haz que esas piedras se conviertan en pan, como en el desierto tu pueblo comió de un maná que bajó del cielo. Esa va a ser la prueba de que lo que has oído no es imaginación, sino realidad. Sométete a esta prueba (tentación: tentación es prueba)”. Jesús no cae. Está en el desierto, pero también en el desierto hay pan, el maná que alimentó a Israel en el desierto y que ahora se convierte en la palabra alimenticia de Dios, porque “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Jesús fue un buen israelita: “Me quedo con la palabra de Dios que he oído, porque esa no falla”.

Y lo mismo sucedió con otros ataques o pruebas que interior o exteriormente se le vienen a la mente a Jesús. La mente de Jesús rememora interiormente otras muchas palabras que son palabras verdaderas, convertidas en obras que Dios ha dicho a su pueblo y continúa ahora diciéndoselas a Él como hijo predilecto.

La cuaresma, desierto para escuchar la palabra de Dios

La cuaresma, símbolo de toda la vida, es lugar donde surgen muchos interrogantes y donde muchas personas y acontecimientos parecen probar (=tentar) al cristiano: “haz esto, no hagas lo otro, ¿por qué…? ¿Por qué no…? No es malo”. También al cristiano el Espíritu le lleva al desierto para que sea probado, tentado. La tentación no es pecado. La tentación es ocasión privilegiada para salir victorioso de la prueba. Como lo fue para Jesús

Para la semana: Haga un examen para tomar conciencia de sus tentaciones o pruebas actuales. Que el Espíritu le dé luz para verlas y fuerza para salir victoriosa.