Fe grano de mostaza

La fuerza de la confianza

Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4 | 2 Timoteo 1, 6-8.13-14 1 | Lucas 17, 5-10

La liturgia de la palabra de este domingo se nos presenta con cierto misterio. Encontramos ahí expresiones que hemos oído muchas veces, que nos llaman la atención y que con frecuencia nos desconciertan. Concretamente lo que concierne a la fe (dejamos otro aspecto). Hemos oído que el justo vive de fe, que sin fe es imposible agradar a Dios, que la fe mueve montañas, etc. Hoy la palabra fe aparece tanto en la primera lectura como en el evangelio. Y en ambas ocasiones se concede una importancia grande a la vida de fe.

El campo de la fe
Si hay alguna virtud o actitud que parezca tener su casa en las nubes, esa es la fe: “creer lo que no vimos”. La fe se nos presenta con frecuencia como algo que afecta a los “intelectuales”, a quienes especulan con ideas, pero que dice poco, o nada, a quienes andamos por la vida con los pies en el suelo.
En cambio, si echamos una mirada a la primera lectura de este domingo, lectura que acaba diciendo: “El justo por su fe vivirá”, encontramos que ahí el profeta Habacuc, grita problemas de violencia, crímenes, opresiones (realidades que los habitantes de cualquier otro tiempo puede y debe extrapolar al suyo). Este es el campo de la fe. No digamos, pues, que la fe no tiene que ver con la vida real. El “Señor” es quien responde a quien grita la presencia de los males concretos y visibles de la humanidad y de las posibilidades de perdición o de triunfo.

Fe, fidelidad, confianza.
Quizá nos hemos acostumbrado a repetir que la fe es “creer lo que no vemos” y la repetimos sin más. Esa formulación puede ser correcta, con tal de que ese “lo que no vemos” no anule lo que tenemos ante los ojos (por ejemplo lo que acabamos de escuchar en la primera lectura: violencia, crímenes, opresiones, etc.).
Hay quienes hablando de la fe prefieren hablar de fidelidad y de confianza como palabras que sustituyan a la palabra fe. Quizá no se deba tener como sinónimas estas tres palabras: fe, fidelidad, confianza. Pero sí es positivo tener las palabras fidelidad y confianza como aspectos muy importantes de la fe. Fe y fidelidad, fe y confianza se abrazan, van juntas.

Dificultades y posibilidades de la fe
Las imágenes con que nos habla la liturgia llevan a percibir la dificultad de ser fieles y tener confianza en que las dificultades podrán ser superadas. La morera, como árbol de raíces fuertes, es imagen de esas dificultades. El “granito de mostaza”, ¡tan pequeñín!, es imagen de nuestras posibilidades. “La fe (la fidelidad, la confianza) mueve montañas”. Y “el altanero no triunfará”. Triunfan quienes son fieles y acogen con confianza la cercanía y acción de Dios en el mundo.

“Señor, auméntanos la fe”
También la fe, su existencia y aumento, es don de Dios, que fundamenta nuestra fidelidad y confianza en que podremos cambiar el mundo de la violencia, de la criminalidad, de las opresiones, de las diferencias abismales, de los odios, de las venganzas, de las perezas, de la rutina…

Para la semana: Nuestra fe moverá montañas (=dificultades) si damos vida a la confianza en el Dios que nos invita a caminar con él por la vida cotidiana.