“MI HIJO AMADO”

Isaías 42, 1-4.6-7 | Hechos 10, 34-38 | Marcos 1, 7-11

Hemos cerrado el tiempo de Navidad. No estaría mal echar una mirada atrás para meditar, aunque sea brevemente, cómo hemos celebrado la Navidad este año, dominado por una grave pandemia que ha condicionado también la Navidad en los diversos aspectos de la vida de los no cristianos y de los cristianos. También, seguramente, la nuestra.

Hoy la liturgia da un salto grande en la vida de Jesús. Deja al Jesús niño, adorado por los pastores y los magos y se encierra en la casa de Nazareth con María y José. Es lo que llamamos la vida oculta de Jesús, vida de la que sabemos muy poco.

Jesús fue bautizado.

Acostumbrados como estamos a bautizar a nuestros niños/as a los pocos días de nacidos, es normal que pensemos que Jesús también fue bautizado a los pocos días de nacer. Pero las cosas no fueron así. Jesús fue circuncidado a los ocho días de nacer, que era lo que se hacía con los buenos israelitas, como signo de que se entraba a formar parte del pueblo de Israel. Pero fue bautizado, a manos de Juan el Bautista, cuando tenía, como dice el evangelista san Lucas, “unos treinta años” (Lucas 3,23). Humildemente se pone en la fila de los bautizandos por Juan Bautista con un bautismo de penitencia, Él que es el Hijo Amado de Dios.

Una experiencia singular.

Algo especial sucedió en este bautismo. La descripción que de él hace el evangelio de hoy, tomado del evangelista San Marcos, es escueta. Y utiliza palabras y fórmulas que exigirían una amplia explicación. Se pueden resumir en unas sencillas palabras: se rasgó el cielo y Jesús oyó en su interior una voz (también nosotros oímos a veces palabras “interiores o en el interior”). El evangelista pone boca de Dios el contenido de esa voz: “Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco”. Fue un momento de inflexión en la vida de Jesús. Desde ahora Jesús, obediente a esa voz, comenzará una vida distinta: su encerramiento en Nazareth se convertirá en lo que llamamos “vida pública” = un Jesús cuya actividad fuera de su casa de Nazareth será desbordante.

Un retrato de Jesús.

La primera lectura de este domingo está tomada del Profeta Isaías (Siglo octavo antes de Jesús). El profeta, con su mirada de futuro, describe ya cómo va a ser ese Jesús que se bautiza a manos de Juan. Basta una lectura sencilla y atenta de ese texto del profeta para ver ahí unos rasgos importantes del retrato del Jesús que oyendo la voz interior abre un camino nuevo. Lo describe así el profeta Isaías: “No gritará ni alzará la voz, y no hará oír en la calle su voz. No romperá la caña ya quebrada, ni apagará la mecha mortecina. Lealmente hará justicia; no desmayará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra” (Isaías 42, 1-4).

Para la semana: Abramos nuestra mente y corazón al Jesús humilde, valiente y paciente a la vez, que no nos destruye, sino que nos cambia.