Ser como Zaqueo

“Zaqueo, hoy quiero hospedarme en tu casa”

Sabiduría 11, 22-12,2 | 2 Tesalonicenses 1 11-2,2 | Lucas 19,1-10

Hay personajes que valen por muchos libros, conversaciones o meditaciones. Y uno de ellos es Zaqueo, del que habla hoy la liturgia de la palabra. Es cierto que un cristiano “normal” ignore muchas páginas de la Biblia. Pero es una pena que no se haga un pequeño grupo en el que pueda verse retratado. Y en ese grupo estaría el publicano Zaqueo.

Te compadeces de todos
La primera lectura de este domingo, nada menos que del Libro de la sabiduría, nos abre a una meditación sabrosa. El “sabio” puede, y decirle a Dios: “Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan”. Expresión de una generosidad inigualable. Hasta el verbo “disimular”, referido a quien todo lo ve, es de un valor inigualable. ¡Tantas veces se ha acentuado que Dios lo ve todo, pero pensando en que ve para no dejarnos pasar ni una…, que estas palabras del Libro de la sabiduría son un bálsamo necesario.

Jesús vino-viene a buscar a los pecadores
El evangelio va en la misma línea. Es decir, viene a buscarnos a todos. Ante un coro de hombres que se frotaban las manos pensando que ponían a Jesús en un aprieto, Jesús ofreció breve y limpiamente: “el que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. Se trataba de una mujer “pillada” en fragante adulterio, castigado con la muerte. Y las piedras se quedaron con las ganas y las palabras de Jesús fueron ese bálsamo una vez más para la pecadora y, seguramente, para muchos de los curiosos.

Con Zaqueo le pasó lo mismo
Zaqueo, de quien nos habla el evangelio de hoy, no tenía las manos limpias. Era publicano, recaudador de impuestos, odiado por los “buenos” judíos, los escribas y fariseos. Como lo era también Mateo, otro publicano, a quien Jesús no duda en decirle: “Sígueme”. Ambos eran pecadores conocidos.

“Zaqueo, hoy quiero hospedarme en tu casa”
¡¡No lo hubiera dicho!! En seguida se le echaron encima. Cobardemente. Seguramente aquel público ya conocía un poco los modos de Jesús y temían una rociada. Se limitaron a hablar entre ellos, a murmurar, que solemos decir y ya lo decía el Evangelio. Y parece que no fueron unos cuantos. El texto evangélico dice literalmente: “Todos murmuraban”. A Jesús no le tiraba para atrás oír las murmuraciones. Le interesaba más Zaqueo.

Y Zaqueo tuvo un gesto “generoso”
“Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.” 9 Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.”

Para la semana: ¿Cuántos zaqueos andamos sueltos por el mundo? “Bajemos” para escuchar al Señor y cambiar de vida.